Ni se te ocurra pagar ni un euro. Tu no tienes que abonar nada por una hipoteca que no es tuya, por mucho que ese sea el señor que en su día te vendio la casa. Es tan surealista, como si ahora te viniera tu pescadero a pedirte que le pagarás la lubina que tu vecino le compró la semana pasada, pero que como no tiene dinero, se la tienes que pagar tú.
No sueltes ni un duro. |